- !Venga,
vamos! ¡Poneos de pie! No sé qué cosas
interesantes todavía ocultáis aquí, así que no voy a mataros ahora... – al decir
esto miró cada uno de nosotros. - Para que no nos molestéis, vais a pasar un
poquito de tiempo en el sótano. Quizás resulte que todavía sois útiles...
Nos
pusimos de pie y, todos siguiendo con las manos atadas con la misma cuerda,
bajamos al sótano. En realidad, era un espacio de mi anticuario que no usaba
nunca. Tengo miedo de este tipo de cuartos. Me dan miedo y asco a la vez.
Oscuros, húmedos, llenos de arañas... Pero en ese momento, justo un lugar tan
desagradable era nuestra salvación. Nos dio algunos minutos más siguiendo vivos.
Oímos
el sonido de la clave cuando el secuestrador nos ecerró debajo de la tierra y nos quedamos
en el sótano con una bombilla que emitía una luz muy tenue que aún
intensificaba nuestro miedo.
-¿Qué
hacemos? – susurró Roberto después de
dos minutos del silencio total. La misma pregunta rodeaba en las cabezas de cada uno de
nosotros, pero no teníamos el valor de decirla en voz alta.Y además quedó sin
respuesta.
Gracias al hecho de que la cuerda era bastante larga y que permitía movernos un poco, Roberto,que estaba al principio de la cuerda, se alejó de nosotros y marchó hacia los rincones no iluminados. -Tiene que haber
algo aquí que nos pueda ayudar... – dijo con el último rayo de esperanza. Abrió
algunos armarios, pero encontró solamente libros y documentos. No había ninguna
herramienta que nos podía servir como un arma contra los secustradores.
Roberto
se alejó aún más. -¿Oís? Mis pasos suenan diferente aquí. ¿Habrá algo debajo?
Se arrodilló
y, como allí no había luz, trató de comprobar con sus manos qué estaba allí. Oímos
un sonido de abirir la puerta.
-¡Mirad!
¡Un túnel!

Brak komentarzy:
Prześlij komentarz