Estoy caminando lentamente en la playa. El único sonido que percibo son las olas en la orilla.
El cielo está cubierto y no se puede ver el sol.
El cielo está gris... El mar está gris...
No sé
por qué pero me siento inquieta. Tengo
una extraña sensación de que algo malo va a ocurrir. Trato de no hacerle caso a
estos estupideces. Debería estar agradecida por la vida que tengo y no buscar
problemas donde no los hay.
Me giro
para poder mirar la casa que alquilamos con mi novio. Está a quinientos metros
del mar y de las ventanas de nuestra habitación podemos ver cuando amanece o
atardece. Mario está preparando cena rómantica para nosotros y me ha dicho que
vaya a relajarme paseando. Lo amo de verdad.
Mis
pasos marcan la arena.
Oscurece y empieza a soplar el viento. ¿Cuánto
tiempo estoy caminando? He perdido la noción del tiempo.
Vuelvo
en nuestra casa esperando que el tiempo que voy a pasar con Mario calmará mis
nervios.
Al
entrar noto que los muebles son volcados en el suelo y oigo gritos de la
cocina. ¿Está pasando algo malo con Mario?
Con el
rabillo del ojo veo a un hombre detrás de mí. En el próximo instante siento
un golpe fuerte en mi cabeza y caigo en el suelo.
...
Abro
mis ojos. Acabo de ver una de las últimas escenas de mi “previa vida”.
(https://www.pexels.com/photo/seashore-with-black-sand-3396662/)

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